En el instituto, con una cámara de 8 mm de un amigo, Kojima convenció a sus compañeros para rodar cortos de zombis. Para el festival cultural del centro hizo una película de zombis y vendió entradas —a unos cincuenta peniques— con la idea de reunir dinero para comprar más películas que ver, pero no sacó ni para una. En otro intento quiso rodar una historia de supervivencia en una isla, al estilo de Robinson Crusoe; el grupo malgastó el viaje bañándose y, al final, reconvirtió la trama en otra película de zombis.
cine 2012-05-23 The Guardian — Simon Parkin, «Hideo Kojima: video game drop-out», entrevista en dos partes (parte 1)